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LA DERIVA CONTINENTAL

Se llama así al fenómeno por el cual las placas


que sustentan los continentes se desplazan a lo
largo de millones de años en la historia
geológica de la Tierra.

Este movimiento se debe a que continuamente


sale material del manto por debajo de la corteza
oceánica y se crea una fuerza( Corrientes de
Conveccion) que empuja las zonas ocupadas
por los continentes (las placas continentales) y,
en consecuencia, les hace cambiar de posición.
WEGENER Y LA TEORÍA DE LA DERIVA
CONTINENTAL
Según Wegener, hace unos 250 millones de años, todos los
continentes estaban unidos formando un único continente al
que llamó Pangea. Esta palabra deriva del prefijo griego "pan"
que significa "todo" y de la palabra en griego "suelo" o "tierra".
De este modo, quedaría una palabra cuyo significado es "toda
la tierra".
Este “supercontinente” estaba rodeado por un océano que
abarcaba el resto de la superficie de la Tierra, y al que se
denominó Pantalasia (cuyo significado en este caso es “toda el
agua”).
Más tarde Pangea se había dividido en fragmentos que fueran
alejándose lentamente de sus posiciones de partida hasta
alcanzar las que ahora ocupan. Por otra parte, desconcierta el
hecho de que algunas especies botánicas y animales se
encuentren en varios continentes. Es impensable que estas
especies puedan ir de un continente a otro a través de los
océanos, pero sí podían haberse dispersado fácilmente en el
momento en que todas las tierras estaban unidas. Además, en
el oeste de África y el este de Sudamérica se encuentran
formaciones rocosas del mismo tipo y edad.
Para Wegener, los continentes se desplazan sobre el fondo oceánico.
Esta forma de desplazamiento le permitía explicar la formación de las
cadenas montañosas pues cuando un continente viajaba a la deriva, su
zona frontal podía encontrar resistencia y se plegaba. Un ejemplo eran los
Andes, que se habían formado al avanzar hacia el oeste el continente
sudamericano.
La principal objeción a esa teoría se basaba en que Wegener no podía
precisar cuáles eran las fuerzas que mueven estas masas continentales.
Proponía que podían ser la fuerza centrífuga generada por la rotación de
la Tierra y la atracción gravitatoria del Sol y de la Luna.
LA EXPANSIÓN DEL FONDO
OCEÁNICO
Para tratar de explicar esta teoria, los científicos Dietz y
Hess, enunciaron la hipótesis de la expansión del fondo
oceánico, que proponía que en la dorsal se formaba
continuamente litosfera oceánica, y desde allí se producía
la expansión del fondo marino.

La prueba definitiva de la expansión de los fondos


oceánicos la aportaron, en 1962 Vine y Matthews, cuando
estudiaron el magnetismo de las rocas del fondo marino y
realizaron perfiles magnéticos transversales a la dorsal.

A través de dichos perfiles comprobaron que a ambos


lados de la dorsal, las bandas paralelas de la corteza
oceánica estaban constituidas por rocas que se habían
formado al mismo tiempo y que tenían idéntica polaridad
magnética.
PRUEBAS DE LA DERIVA
CONTINENTAL

Pruebas morfológicas
Coincidencia entre las costas de
continentes hoy en día separados
Ejemplo: África y Sudamérica
LA DERIVA CONTINENTAL
PRUEBAS DE LA DERIVA CONTINENTAL

Pruebas geológicas
Muchas Estructuras Geológicas iguales en continentes
separados.
Por un lado, el ajuste de los bordes de la plataforma
continental entre los continentes africano y
sudamericano, esto es, que encajaban el uno con el
otro. Por otro lado, la continuación de las cadenas
montañosas en el continente sudamericano y en el
africano, hoy en día separadas por el océano Atlántico.
Y por último, la continuación de las cadenas
montañosas europeas y norteamericanas. Actualmente
separadas por el océano Atlántico.
PRUEBAS DE LA DERIVA CONTINENTAL

Pruebas paleoclimáticas
Rocas indicadoras de climas iguales en zonas a
distinta latitud en la actualidad.
La presencia de un mismo modelo erosivo en
distintos continentes, da a pensar, que todos
ellos permanecieron en el pasado unidos ya que
poseían el mismo clima. Por ejemplo, los
mismos depósitos morrénicos en Sudáfrica,
Sudamérica, India y Australia.
Ejemplo: depósitos glaciares de la misma época
en la Patagonia y la India.
PRUEBAS DE LA DERIVA CONTINENTAL

Pruebas Geomagnéticas
La prueba definitiva de la deriva continental fue aportada por los
geofísicos, a los que también debemos la comprensión de los
mecanismos que la permiten. Los argumentos más sólidos en favor
de la teoría provienen del estudio del magnetismo natural que
tienen las rocas y que es una consecuencia del campo magnético
terrestre.
Se puede saber cuál era la posición de los continentes con respecto
a los polos, atendiendo al magnetismo procedente de la
composición de sus rocas. De esta forma, observando los trazados
magnéticos se llego a la conclusión de que hubo con anterioridad
una conglomeración de los continentes actuales.
Minerales magnéticos en rocas de igual edad en distinto continente
indican dos polos norte. Trasladando los continentes, apuntan a un
único polo.
PRUEBAS DE LA DERIVA CONTINENTAL
Distribución actual de los seres vivos
Después de la fragmentación de los continentes, se han
encontrado especies que poseen características iguales, en
determinados continentes, con la única diferencia de que éstas
han ido evolucionando según su nuevo entorno. Por ejemplo, el
caracol de jardín encontrado tanto en Norteamérica como en
Eurasia.

Atendiendo a todo la mencionado anteriormente Wegener trató de


defender su teoría de la deriva continental. Indicó que las
formaciones rocosas de ambos lados del océano Atlántico en
Brasil y en África occidental coinciden en edad, tipo, estructura y
encajaban. Además, con frecuencia contienen fósiles de criaturas
terrestres que no podrían haber nadado de un continente al otro.
Estos argumentos paleontológicos estaban entre los más
convincentes para muchos especialistas, pero no impresionaban a
otros.
EN QUÉ CONSISTE LA TEORÍA DE LA DERIVA DE LOS
CONTINENTES

La corteza de la Tierra, que es la capa externa de nuestro


planeta, está formada por dos tipos de suelo: el lecho oceánico,
que cubre todo el globo y está hecho de roca pesada (basalto), y
los continentes, que abarcan cerca de 70 por ciento de la
superficie de la corteza y que están hechos de rocas más ligeras
( arenas y granito).
Las masas continentales "flotan" sobre la capa inferior de basalto.
Las masas continentales se desplazan deslizándose sobre la
capa inferior de basalto (falso).
Europa, África y las Américas se están separando. Por lo tanto, el
océano Atlántico se puede considerar como una falla geológica
muy abierta.
Por desgracia para Wegener, aunque sus
pruebas eran muy convincentes para
algunos, nunca pudo decir por qué se
movían los continentes. Para ser una teoría
completa, la deriva continental tenía que
incluir un por qué. Wegener propuso que
quizá los continentes se movían debido a
una especie de fuerza centrífuga, como la
que se siente en un carrusel, a la cual llamó
"fuerza de fuga de los polos". Pero hasta él
mismo sabía que esta hipótesis no podía
explicar el movimiento de los continentes.
EL SIGUIENTE PASO: La Teoría De Expansión
Del Lecho Oceánico

En los años 50 los físicos P. M. S. Blackett y S. K. Runcorn,


trabajando independientemente, se pusieron a estudiar la
magnetización de las rocas. Ciertas rocas al formarse se
magnetizan, y el campo magnético que adquieren es una
especie de huella que deja el campo magnético de la Tierra
en la roca. Estudiando estas rocas, Blackett y Runcorn
descubrieron que los polos del campo magnético terrestre no
siempre habían estado en la misma posición respecto a los
continentes. Algunos geofísicos empezaron a sospechar que
quizá sí era correcta la hipótesis de la deriva de los
continentes.
Al mismo tiempo, las investigaciones del lecho oceánico que
se estaban llevando a cabo en esa época revelaron
resultados que son como las piezas separadas de un
rompecabezas:
Al mismo tiempo, las investigaciones del lecho oceánico que se estaban llevando a cabo en esa época revelaron
resultados que son como las piezas separadas de un rompecabezas:

Las cadenas montañosas submarinas eran muy largas y continuas. La cordillera del Atlántico era además casi
paralela a los contornos de los continentes que bordean ese océano.
Por la cresta de todas las cordilleras oceánicas corrían fallas geológicas continuas que indicaban que los lados
de la cordillera se estaban separando.
El flujo de calor del interior de la Tierra a la superficie es muy elevado en las cordilleras oceánicas.
En los continentes se han encontrado restos fósiles de hasta 4000 millones de años de antigüedad (las
primeras bacterias), pero en los océanos la antigüedad máxima de los fósiles no rebasa los 180 millones de
años.
Además, las capas de sedimento del lecho oceánico corresponden a una antigüedad de no más de 200
millones de años, más o menos.

Ésta es la hipótesis de Hess, que explica todos los resultados anteriores como efectos de una sola causa: las
cordilleras submarinas son centros de creación y expansión del lecho oceánico. Las fosas marinas son zonas
de subducción (hundimiento). El suelo continental se conserva, pero la corteza oceánica se recicla, y nunca
dura más de 200 millones de años.
El rompecabezas geológico estaba casi completo, pero faltaba demostrar que la hipótesis de Hess era
correcta.
Confirmación de la Hipótesis de Hess

Las investigaciones del lecho oceánico que se


llevaron a cabo en la década de los 50 revelaron que
ciertas regiones del suelo marino están magnetizadas
en franjas que forman un patrón parecido a las rayas
de una cebra. La polaridad (norte o sur) de las franjas
va de normal en una (igual a la del campo magnético
actual) a invertida en la siguiente. ¿Qué revela este
patrón de franjas?
En 1963, poco después de que Harry Hammond Hess propusiera su hipótesis
poética de expansión del lecho oceánico, dos jóvenes geofísicos británicos
llamados Frederick Vine y Drumond Matthews (y un canadiense independiente,
Lawrence Morley, al que nadie le hizo caso) propusieron que las franjas de
magnetización del suelo marino eran la huella de los cambios de polaridad del
campo magnético de la Tierra. Si las cordilleras submarinas eran centros de
formación y expansión del lecho oceánico, cada franja tendría la polaridad que
tenía el campo de la Tierra cuando la franja se formó. Las franjas presentarían un
patrón de polarización simétrico respecto a las cordilleras. A cada lado habría
sendas franjas de polaridad normal.
Encerrando este sandwich habría franjas de polaridad invertida, formadas en la
época del cambio de polaridad más reciente. Luego otro sandwich de polaridad
normal, seguido de uno de polaridad invertida, y así sucesivamente, alejándose de
la cordillera meso-oceánica. La sucesión de las franjas debería concordar, además,
con las fechas geológicas conocidas de los cambios de polaridad del campo
magnético de la Tierra.
Entre 1964 y 1966 se hicieron las mediciones correspondientes y se confirmó la
hipótesis de Vine, Matthews y Morley, y con ella la de Hess: el suelo de los mares
se forma en las cordilleras meso-oceánicas, se expande hacia los lados y se
vuelve a hundir en la corteza terrestre en las fosas marinas, completando el ciclo
en unos 200 millones de años, más o menos.
Con estos elementos en mano el movimiento de los continentes y la expansión del
lecho oceánico, los geólogos se dieron a la tarea de formular una teoría unificadora
que explicara todos los fenómenos geológicos conocidos hasta entonces.
No todo el mundo estaba convencido de que los continentes se movían y a lo largo
de la década de los 60 hubo varios intentos de demostrar que no era así. Hoy en
día, la nueva teoría, que se llama tectónica de placas, está bien establecida,
aunque los geólogos y geofísicos todavía discuten acerca de algunos detalles.
EL MOVIMIENTO CONTÍNUO

Lo que ha ocurrido, por lo menos, una vez, puede volver a ocurrir y


ocurrirá. El movimiento de las placas que forman la corteza terrestre
deslizándose sobre una capa viscosa, sometida a fuertes tensiones,
no puede detenerse.

¿Por qué no lo notamos? Bueno, es un movimiento muy lento, o


nuestra visión muy rápida. Pero la deriva de los continentes es
imparable, como lo es la salida al exterior de nuevos materiales en
las dorsales oceánicas y el hundimiento en las zonas de
subducción.

Recordemos que los continentes no son más que las tierras


emergidas de algunas placas y, de buen seguro, en el futuro
cambiarán de forma y posición muchas veces, como lo hicieron en
el pasado.
PANGEA ES SÓLO UN PASO
Antes de la deriva de Pangea se sabe que hubo periodos de deriva anteriores. Pangea
sólo había durado unos pocos cientos de millones de años y se había formado
inicialmente a partir de la unión de un conjunto de masas de tierra distintas de los
continentes actuales, que eran a su vez fragmentos de otro supercontinente. Por lo que
parece, la rotura, dispersión y reunión de supercontinentes es un proceso continuo.

De hecho, no son los continentes, sino el propio fondo oceánico el que se mueve y
arrastra de este modo los continentes. El proceso continúa, y los continentes siguen su
deriva, por lo general a razón de unos pocos centímetros al año. Por tanto, su actual
disposición no es permanente.

El océano Atlántico se está ensanchando a medida que África y América se separan; en


cambio, el océano Pacífico se está empequeñeciendo. También el mar Mediterráneo se
estrecha, y terminará por desaparecer, pues África avanza hacia el norte, al encuentro de
Europa.

Cuando Pangea se escindió en Gondwana y Laurasia, la India formaba parte de


Gondwana. Más tarde se rompió y se desplazó rápidamente hacia el norte a la velocidad
inusualmente elevada de 17 cm anuales, hasta chocar con Asia e unirse a este continente.
La presión de la India contra Asia provocó el plegamiento de la corteza y la formación de
la cordillera del Himalaya, fenómeno que aún prosigue.
Se cree que la unión o sutura de masas de tierra continuará repitiéndose una y otra vez en
el futuro y que todos los continentes volverán a reunirse de nuevo en un supercontinente.