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3.

2 Técnicas de redacción
La redacción es la expresión ordenada del pensamiento mediante la
comunicación escrita. Consiste en dar forma a un conjunto de ideas
organizadas según un propósito determinado.
Primero, antes que nada, debe existir el propósito o “tema” de la redacción. A
continuación hay que buscar ideas y ordenarlas según un criterio claro. Por
último cuando ya sabemos lo que vamos a decir, hay que ponerlo por escrito
ateniéndonos a normas. Se trata, pues de un proceso en el que intervienen la
reflexión, la selección y organización de las ideas y el aspecto técnico de la
expresión escrita.
En los estudios sobre composición literaria se distinguen tres fases
principales que dan cuenta de todo el proceso, desde su inicio
abstracto hasta su culminación material:
1. Invención
2. Disposición
3. Elocución
Invención
Antes de sentarnos a escribir es necesario tener un tema sobre el que
queramos decir algo. Para escribir sobre un tema hay que dominarlo y
enriquecer nuestros conocimientos sobre el mismo, consultando
bibliografía abundante y variada con el fin de ampliar nuestra visión y
conocer ideas distintas que podrán servirnos como contrapunto o
apoyo y que nos permitan matizar y enriquecer nuestro pensamiento.
Una vez asimilado todo el material, lega el momento de la reflexión: si
los datos nuevos han modificado nuestra visión del tema tendremos
que decidir definitivamente cómo vamos a abordarlo. Hay que
determinar entonces qué vamos a decir, y para ello será indispensable
ordenar primero las ideas. En este momento, pues se elabora un
primer esquema de la redacción y puede empezarse a escribir.
Disposición
La estructuración puede variar en función de la naturaleza del tema. Como
señala V. Rodríguez Jiménez, ésta puede ser de tipo lógico, por deducción y
relación de los elementos; temporal, por orden cronológico; o espacial,
mediante la descripción de las cosas en relación con otras dentro del
espacio.
En toda redacción se distinguen siempre tres partes principales:
1. Planteamiento: presentación del tema de manera que atraiga la atención
del lector y le incite a seguir leyendo.
2. Desarrollo: exposición de las ideas del autor según un esquema y una
estructura.
3. Conclusión: resumen de la idea principal que se desea transmitir, que
será consecuencia del desarrollo.
Elocución
Es el acto de escribir siguiendo un orden expositivo al encadenar los
pensamientos. Es poner por escrito las ideas surgidas en la invención.
El escritor tiene que saber trabajar con las ideas tanto como con las
palabras. Los instrumentos de elaboración del pensamiento que nos
proporciona el lenguaje, en este caso el escrito, son: las palabras,
depositarias del pensamiento, materia prima para la construcción de
frases; las oraciones, unidades de sentido completo estructuradas
según la sintaxis; y los párrafos, partes del texto con unidad
significativa.
Por consiguiente, los elementos de escritura, elaboración de ideas y
expresión lingüística quedan reducidos a tres: el párrafo, la oración y la
palabra.
Escribir consiste ni más ni menos, en unir palabras para formar
oraciones y oraciones para formar párrafos.
Un elemento que distingue a un autor de otro es el ESTILO
El párrafo
“Cada una de las divisiones de un escrito señaladas con letra mayúscula al
principio de línea y punto y aparte al final del fragmento de escritura”. (DRAE).
Además de esto, un párrafo es una parte del texto que posee unidad
significativa.
Todo escrito se divide en párrafos; en cada uno de ellos se expresa una idea
principal, en torno a la cual, bien organizadas, se disponen las ideas
secundarias.
Se supone que antes de ponernos a escribir, en el proceso de disposición,
habremos determinado de manera aproximada el esquema del escrito y , por
tanto, en cierta medida, cuáles van a ser los párrafos.
Sin embargo, a medida que se escribe sobre la marcha pueden ir surgiendo
ideas encadenadas que cobran vida en el mismo momento de escribir.
Más tarde, una vez finalizado el texto, podremos pulir, suprimir, unir o
dividir al hacer una lectura cuidadosa.
La receta para construir un párrafo no existe, solo existen directrices
sobre lo que no hay que hacer.
1. Para empezar, conviene evitar las desigualdades exageradas de
longitud entre unos párrafos y otros, principalmente cuando ello
supone también una desigualdad en el número de ideas contenidas
en cada uno.
2. No conviene tampoco reiterar la misma idea en varios párrafos, a
menos que se repita adrede porque así lo exija la finalidad del
texto.
3. Deben evitarse los párrafos confusos en los que las ideas se
“amontonan” sin jerarquía alguna, a la buena de Dios. Los párrafos
vienen a ser una pauta para el lector que pretende comprender el
texto: cuanto mejor dividido y presentado, mejor transmitido quedará
e mensaje. Es por tanto fundamental el orden interno y una cierta
progresión de las ideas que cohesione las distintas partes en un todo
significativo. Es importante centrarse en la arquitectura del párrafo.
Coherencia y cohesión
La coherencia es la unidad de significado, la razón de ser del párrafo:
debe existir una unidad de propósito entre la idea principal y las ideas
secundarias que la explican, apoyan describen o justifican.
Una vez que tengamos clara la idea que queremos desarrollar en el
párrafo, todo lo que escribamos deberá estar relacionado con ella
dentro de los límites establecidos en nuestro razonamiento.
La cohesión. Palabra procedente del latín cohaesum (estar unido). En el
párrafo, la idea inicial de una frase deberá depender de alguna manera
de la idea final de la anterior o de la idea principal de ese párrafo. De
no existir cohesión, el párrafo queda inconexo y confuso. En lugar de
ser un párrafo será un amontonamiento de palabras.
En la construcción de un párrafo intervienen una idea clave o principal
y un conjunto de ideas secundarias articuladas de tal manera que la
idea clave dé unidad y sentido al conjunto de las frases.
Consejos útiles para “perfeccionar” la técnica
de construcción de frases
Durante la construcción de párrafos es conveniente tomar en cuenta lo
siguiente:
a) Rimas internas
Por razones de elegancia y de agilidad hay que vigilar siempre el sonido de
las frases, evitando las pesadas y feas rimas internas que se producen al
repetir algunas letras o sílabas. Por ejemplo:
Desconozco los motivos por los que se desentendió de su hijo adoptivo
Para evitar la rima, basta cambiar cualquiera de las dos palabras
problemáticas.
No sé por qué se desentendió de su hijo adoptivo.
Desconozco los motivos por los que se desentendió de su hijo adoptado
b) Ritmo
El ritmo sintáctico es una cualidad intangible de la prosa, que no hay que
confundir con el ritmo que se estudia en la poesía. Tiene mucho que ver con la
armonía de la construcción, la longitud equilibrada y la cohesión. Mesura,
armonía y orden lógico confieren ritmo a la frase y agilidad al escrito, de modo
que la lectura se hace fácil, agradable al oído y asequible al entendimiento.
Los texto que carecen de ritmo resultan desabridos y antipáticos, no
“enganchan” al lector y además, desde el punto de vista comunicativo, son
mucho menos eficaces. La falta de ritmo en las frases hace la lectura ardua,
fatigosa, incómoda.
Longitud excesiva de las frases
No conviene escribir oraciones innecesariamente largas que
entorpezcan la comprensión del contenido y conviertan la lectura en
una ardua tarea de desbroce. Si debido a la extensión, las relaciones
son difíciles de encontrar y la lógica desaparece es preferible dividir en
oraciones más cortas.
Sucesión de frases excesivamente cortas
De modo análogo, una larga sucesión de frases muy cortas resulta
monótona y hace difícil seguir el pensamiento cuando está
interrumpido por continuas pausas, hay que encontrar la longitud de
frase que no dificulte la comprensión y que no canse, ni por exceso, ni
por defecto.
Marcadores textuales o conectores
Los marcadores textuales también llamados conectores discursivos, son
palabras, partículas, preposiciones, que señalan los distintos tipos de
relaciones lógicas existentes entre los distintos elementos de una frase,
entre las frases de un párrafo o entre los párrafos de un texto. Su falta en
ocasiones da lugar a un estilo incoherente, inacabado.
EJEMPLO:
El conductor pisó a fondo el acelerador; no consiguió pasar al otro coche.
Entre estas frases, falta la partícula (conjunción adversativa) “pero”,
elemento de transición que aclara el sentido de nuestro pensamiento:
El conductor pisó a fondo el acelerador; pero no consiguió pasar al otro
coche
Las funciones que realizan los conectores
oracionales más frecuentes son:
Adición: además, además de, incluso, encima, así mismo, por otra
parte, sino también.
Afirmación: si, seguro, evidentemente, por supuesto, sin duda, claro,
claro que si, en efecto.
Aprobación: bueno, bien, de acuerdo, naturalmente, efectivamente…
Comienzo de discurso: ante todo, para comenzar, antes que nada,
primero…
Conclusión: total, en conclusión, en consecuencia, por tanto…
Continuación: así pues, así que, entonces, conque, de modo que…
Duda: quizás, acaso, a lo mejor, tal vez, posiblemente, es posible que…
Énfasis: claro que si, no faltaría más, pues si que…
Enumeración: primero, en primer lugar, luego, después, a continuación,
finalmente…
Explicación: o sea, estos es, dicho de otra forma, en otras palabras,
ejemplo, puesto que…
Fin de discurso: en conclusión, en fin, por tanto, en consecuencia, por
consiguiente, he dicho, es todo…
Llamada: oiga, escuche, vamos…
Negación: no, en absoluto, ni hablar, qué va, de ninguna manera…
Oposición: aunque, pero, en cambio, al contrario, sin embargo, con todo y
eso, no obstante…
Restricción: salvo que, excepto, hasta cierto punto, en todo caso…
Resumen: en resumen, en suma, en una palabra, o sea, es decir…

Conviene advertir que no resulta elegante el abuso de tales partículas; hay


que emplearlas con precaución, para que no degeneren en “muletillas”, con
el consiguiente peligro de monotonía. Actualmente nuestro idioma padece
de una muletilla que inicia todas las frases, a modo de bastón intelectual; el
adjetivo “bueno” es el adjetivo referido y nos llega del adverbio inglés
“well”,si hacemos una pregunta a cualquiera, su respuesta irá precedida del
casi inevitable “bueno”.
Ejercicios
A) A continuación van una serie de frases en las que falta el elemento de
transición. Escríbanse las partículas que faltan en el lugar preciso (no las
escriba si juzga que no son necesarias)
1. Estuvimos ahorrando todo el mes para irnos de viaje; a última hora no
pudimos hacerlo
2. Se pasaron media hora al “sereno”, sin poder entrar en la casa; Juan
pudo abrir la puerta
3. El portero estaba bien colocado; la pelota dio un bote extraño y se coló
por el ángulo izquierdo
4. El profesor explicaba la lección mirando al techo; los alumnos no
atendían
5. Era un sitio estupendo para pernoctar; había teléfono
6. Póngale la inyección; es usted médico
7. Era un hombre desordenado; no le importaba lo que dijesen de él
8. El padre y la madre eran dos grandes aficionados a la música; su hijo
Juan resultó un hábil pianista
B) Subraye los marcadores textuales que hay
en el siguiente texto:
“La abuela de Alfanhuí incubaba pollos en su regazo. Le solía venir una
fiebre que le duraba veintiún días. Se sentaba en la mecedora y cubría
los huevos con sus manos. De vez en cuando les daba la vuelta y no se
movía de la mecedora, ni de día ni de noche, hasta que los empollaba y
salían, Entonces se le acababa la fiebre y le entraba un frío terrible y se
metía en la cama. Poco a poco, el frío se le iba pasando y volvía a
levantarse otra vez y se sentaba al brasero. Aquella fiebre le entraba
diez veces al año. Cuando venía la primavera