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DEPRESION:

EXCESO DE PASADO
La Organización Mundial de
la Salud (OMS) calcula que
hay más de cien millones
de personas que, como
aquel paralítico curado por
Jesús, se sienten presas en
una vida triste y sin
sentido.
Hay quienes definen a la
depresión como “exceso de
pasado”. Y ese era
justamente el problema del
paralítico curado por Jesús.
CÓMO PREVENIR
LA DEPRESIÓN
CÓMO ENFRENTAR
LA DEPRESIÓN
La elaboración de un
programa de
actividades es una de
las estrategias más
comunes utilizadas
por los psicólogos.
Uno de los objetivos
más anhelados es
ayudar a la persona a
ver las cosas de una
manera correcta y
equilibrada.
El tratamiento
profesional funciona
mucho mejor su la
familia ofrece apoyo
al deprimido.
el depresivo puede ayudar a
otros. Eso le da nuevo
ánimo y tiene resultados
terapéuticos.
Si usted manifiesta síntomas
de depresión, debe entender
que el futuro no se encuentra
a merced de las
circunstancias.
Confiar en Dios como un
ser dispuesto a ayudar,
proteger, facilitar y
favorecer a quienes lo
buscan es el primer paso
para beneficiarse de la
espiritualidad.
Las personas que no
confían en Dios y tienen
conflictos no resueltos
viven con un ancla
pesada que lo ata al
pasado y caminan por un
túnel oscuro y
desconocido.
DELANTE DE LA MUERTE
De hecho, el último
enemigo con el cual el ser
humano se enfrenta en esta
vida es la muerte. Nadie
puede escapar de ella. Tal
vez por eso hay tanta
preocupación por ese tema.
Para entender lo que
sucede en la muerte, es
necesario saber cómo
se creó al hombre.
Por lo tanto: polvo de la tierra +
aliento de vida = alma viviente
En el momento en el
que el ser humano
muere, el aliento
(espíritu) vuelve a Dios,
y el polvo vuelve a la
Tierra. El alma viviente
deja de existir, o sea,
muere.
Morir es “dormir” y esperar
inconscientemente por la
resurrección. Nada de ir
inmediatamente al infierno o
al cielo, y mucho menos
reencarnar.
La Biblia está repleta de
promesas relacionadas
con la resurrección para
vida eterna de las
personas que aceptan el
plan de salvación
ofrecido por el Señor.
Lo que determina si
participaremos de la
primera resurrección, en
el regreso de Jesús, es
nuestra relación con él
hoy.